Largo es el año


Casi todas las revistas musicales ofrecen un panorama musical hacia la mitad del año y se me ocurrió que en Media Tinta deberíamos ocuparnos de dar a quien nos esté leyendo una especie de perspectiva crítica del panorama pop o algo así. Pero es obvio que esta no es tarea para una sola firma. Una persona sola no puede tener sino una perspectiva limitada por sus gustos, por el tiempo que le dedica a escuchar música cada día y por la zona geocultural que le es familiar (no tiene porque ser la que habita). Yo solo soy una persona humana, como decía una tonadillera española, y estoy lejos de ser un muestrario representativo. Para entender fenómenos que me son ajenos intento estudiar los consejos de aquellas personas que tienen acceso a espacios de producción que no me son inmediatamente accesibles. (Por eso, dicho sea de paso, los escritos y recomendaciones de Anabel Acevedo en este foro son tan formativos para mí.) En cualquier caso, aún siendo consciente de mis limitaciones como consumidor, no he podido evitar hacer una lista de mis discos preferidos en lo que va de 2013 y sacar algunas conclusiones.


En cualquier caso, no creo nadie deba estar interesado en lo que yo piense. Para quien a pesar de todo lo estuviera, ahí va sin orden de ningún tipo:


Serafina Steer (The Moths Are Real)

Eleanor Friedberger (Personal Record)

Camera Obscura (Desire Lines)

These New Puritans (Field of Reeds)

Alison Moyet (The Minutes)

Laura Marling (Once I Was an Eagle)

Yo La Tengo (Fade)

Broadcast (Berberian Sound Studio OST)

James Blake (Overgrown)

Vampire Weekend (Modern Vampires of the City)

Flaming Lips (The Terror), Kanye West (Yeezus)

My Bloody Valentine (m b v), Chvrches (Recover EP)

Amor de Dias (The House at the Sea)

New Order (Lost Sirens)

She & Him (Volume 3)

Wire (Change Becomes Us)

Scout Niblett (It’s Up to Emma)

Yeah Yeah Yeahs (Mosquito)

OMD (English Electric)

Tegan & Sara (Heartthrob)

The Knife (Shaking the Habitual)

Veronica Falls (Waiting for Something to Happen)

Kurt Vile (Wakin on a Pretty Daze)

Justin Timberlake (The 20/20 Experience)

Savages (Savages)

The National (Trouble Will Find Me)

Pet Shop Boys (Electric)

The Pastels (Slow Summits).

 

No todos estos discos me gustan por igual. Algunos me gustan con cierta vergüenza, es decir, me gustan aunque no sean particularmente novedosos. Algunos me interesan más de lo que realmente me gustan. Algunos me han sorprendido porque no esperaba nada de ellos y me agarraron por sorpresa, si bien dudo que resistan el paso del tiempo (sí, te estoy mirando a ti Kurt Vile). Algunos eran viejos conocidos que admiro de manera casi acrítica porque sé que voy a encontrar algo familiar que aprecio. Uno de ellos llegó de la nada y me venció en circunstancias inesperadas ya que se trataba de una artista de quien nunca había oído hablar. Por eso, reconoceré que el primero de los discos que menciono, el de Serafina Steer, es mi disco preferido en lo que va de año.

 

Y ahora algunas conclusiones preliminares sobre lo que va de 2013.

 

La primera es evidente para el que siga la actualidad musical. El presente 2013 está siendo un año cargado de eventos y ruido mediático en comparación con un pasado 2012 del que podemos decir que fue lento (slow news year?). 2013 ha visto estrenos de Jay Z, Kanye, Justin Timberlake, Vampire Weekend, Daft Punk y está a la espera de un nuevo disco de Beyoncé. 2013 vio comebacks triunfales de numerosos artistas de primera magnitud de quienes a penas ya se esperaba nada como David Bowie, Kevin Shields o Boards of Canada. 2012 no vio a grandes pesos pesados sacar disco nuevo (con la relativa excepción de Swans, que editó The Seer colándose de modo inopinado en casi todas las listas de lo mejor del año). Lo más raro de todo ello es que en buena medida la narrativa dominante de 2012 fue la relación entre el público y la música, la del modo en que los artistas son también melómanos y la de cómo es imposible evitar hacer música que no sea en parte una meditación sobre el impacto emocional que la música precedente ha tenido en nuestras vidas. El perfil mediático bajo de 2012 tuvo el agradable efecto colateral de poner el acento en las reediciones de discos y de ocasionar un cierto eclecticismo en las listas de fin de año ya que ninguna escena dominó el panorama musical de modo determinante. Por el contrario, 2013 es el año del hype.

 

La segunda conclusión, consecuencia de la primera, es que si 2012 fue el año de la música, 2013 es el año de los músicos. Con esto quiero decir que estamos asistiendo a la reconstrucción del mito del artista por parte de los artistas. Lo sorprendente de todo ello es que sean los propios artistas los que estén luchando con sus propias armas para ponerse al frente de la industria musical y dirigir la producción de su marca. Las recientes entrevistas de Kanye West al New York Times y a W Magazine, la carta abierta de Jay Z en forma de canción (que recuerda a un viejo tema de John Lennon por motivos que darían para otro artículo), las estrategias de choque de The Knife que pueden recordar al new pop de los 80, el hiperactivo twitter de ?uestlove, además de su reciente libro, o el tumblr de Grimes son intentos por parte de los artistas de reaccionar antes de que P4K, Metacritic y Buzzfeed se pongan por delante de ellos en el dictado de tendencias. También, con sus diferencias, son intentos de capitalizar sobre su propia imagen en un mercado que se ha especializado de manera dramática y en el que la venta de discos ya no importa tanto como hace diez años, ni mucho menos como hace veinte.

 

La tercera conclusión, consecuencia de la segunda, es que los discos que están definiendo buena parte del panorama mediático de 2013 tematizan la relación entre el artista y su público, en especial desde el punto de vista generacional. El ejemplo de Vampire Weekend es revelador en este sentido. Vampire Weekend es una banda popular entre la muchachada indie, con respecto a la cual la crítica ha desarrollado una cierta esquizofrenia. Son amados por ciertos sectores (P4K), pero no pueden dejar de ser vistos como los héroes de la juventud de clase media blanca y universitaria por otros que se manifiestan ambiguos (The Quietus). El consenso es que con su disco Modern Vampires of the City se han convertido al pop adulto. Este hecho evidencia que su música ya no está dirigida de modo exclusivo a personas de veintitantos que tienen el mundo y la vida por delante, sino a personas que inician la treintena con incertidumbre. La decisión de dar un paso generacional hacia delante con el propio público parece una estrategia evidente en un género como el indie pop. Sin embargo, quien haya observado la pugna silenciosa entre los nuevos discos de Kanye y Jay Z se dará cuenta de que la oposición entre ambos es un enfrentamiento de relaciones divergentes con el público. Por un lado, con Yeezus, Kanye pinta el retrato del artista rebelde que da un giro a la izquierda para alienar a su personaje de un público cada vez más heterogéneo (jugando a la provocación consciente). Por el otro, con Magna Carta Holy Grail, Jay Z se coloca como el magnate que exhibe sus posesiones frente a un público cada vez más mainstream (confiado en el viejo impulso de aspiración que mueve el mundo del hip hop).

 

Lo que queda de año quizá traiga otros elementos al panorama que deban ser considerados en diciembre. Es improbable que en los meses que quedan entre hoy y el inicio de 2014 alguien vaya a inventar el punk o el dodecafonismo. Es probable que nos encontremos más declaraciones de independencia por parte de artistas que quieran hacer olas mediáticas para estar a la última (si lo vemos desde una posición cínica) o que quieran evitar ser devorados por una máquina rota de hacer discos (si lo vemos como manifestación del lugar incierto en que se encuentran las opciones tradicionales de la industria discográfica). El 2013 está siendo estimulante por muchos motivos y a pesar de ello me encuentro a menudo echando en falta el tipo de reflexiones que me provocaba la música que más me gustaba de 2012 (digamos, por decir algo, Words and Music by Saint Etienne de Saint Etienne, Europe de Allo Darlin’ o el EP Kindred de Burial) menos dominada por la épica, más ecléctica y más eficaz a la hora de captar sectores de público diversos.

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