Canciones que salvarán tu vida


Desde el inicio de los tiempos hasta nuestros días, las relaciones sentimentales han estado marcadas por la música. Sean correos con links a canciones en youtube que nadie escuchará, sean los cedés pensados pista por pista (antes eran cintas de cassette que había que grabar pulsando Play y Pause de modo laborioso) o las playlists de Spotify calculadas con sus transiciones milimétricas… Todas estas formas de comunicación se basan en el principio erróneo de que el estímulo de la música produce una respuesta en un individuo que este puede transmitir a los otros. Querido fulanito: esta canción de Nick Drake me hizo pensar en ti mientras miraba el cielo estrellado etc. Lo que tú no sabías es que a fulanito le da igual Nick Drake, en realidad le gusta el techno industrial y los cantautores tímidos con guitarra le aburren. O bien puede ser también que fulanito esté hospitalizado con una gripe intestinal y que tu correo bienintencionado haya arruinado “Northern Sky” para siempre asociando la canción en su mente al dolor de estómago, las nauseas, la diarrea y la compota de manzana. En este sentido, me atrevería a decir algo apocalíptico pero que encierra, creo, una verdad: cualquier efímero escrito de crítica musical está vencido de antemano por el hecho de que aquello con lo que asociamos una determinada pieza musical o una canción es intransferible. Es necesario hablar de las sensaciones que la música nos produce de otro modo. Es necesario hablar de respuestas emocionales a la música no de modo personal, sino en términos de cómo una colectividad se construye una idea de un cantante o de un grupo.

 

Este preámbulo puede parecer una manera fácil de establecer empatía. Pero no lo es, se trata de compartir una ansiedad que me agrede siempre que comienzo a escribir algo para Media Tinta y quiero compartir con sus lectores. No puedo dejar de preguntarme qué valor tiene hablar de cualquiera de mis grupos preferidos y sobre todo si es legítimo compartir el bagaje emocional que acompaña a ese grupo en mi escucha. Tomemos por ejemplo a los Smiths, indiscutiblemente, uno de mis grupos favoritos. La mayor parte del público coincide en que lo que caracteriza a los Smiths es que se trata de un grupo depresivo para adolescentes. En una escala de consenso más pequeña pero igualmente convincente, todas mis ex-novias coinciden en que soy un aburrido, un pretencioso y un egocéntrico, cualidades que me acreditan precisamente como fan auténtico de los Smiths, incluso de algunos discos de Moz en solitario. Mi pregunta es entonces simple: ¿Me gustan los Smiths porque soy así de imbécil o soy así de imbécil porque me gustan los Smiths? Mi ídolo, Tom Ewing, escribió una vez una elegante columna para defender a los Smiths y de paso explicar que quizá no es que el grupo sea triste y afectado, sino que los asociamos con esas sensaciones porque es más fácil clasificarlos en base a lugares comunes que escucharlos de verdad. Quizá mis ex-novias no estén del todo en lo cierto y haya esperanza para mí. Quizá cuando termines esta columna creas que Morrissey es un genio, o quizá te convenzas de que los Smiths son patéticos. De cualquier modo, creo que explorar la cuestión vale la pena tanto para mí como para ti.

 

Para intentar darle una respuesta a todo esto, he intentado compartir con los lectores una lista de mis cinco canciones preferidas de los Smiths. Para ponernos un bastón en las ruedas he evitado deliberadamente los temas más eufóricos (“Ask”, “Panic”), los temas socialmente más feroces (“The Headmaster Rule”) o los que son irónicos de un modo más esquinado y desagradable (“Girlfriend in a Coma”). Mi selección es más bien melancólica. En la explicación de cada canción he intentado evitar el lugar común. Es obvio que si alguno de los lectores es fan de los Smiths y está en desacuerdo con lo escrito o con la selección, debe comprender que quizá lo mismo puede ser argumentado de otro modo o con otras canciones. Si a alguien se le ocurre una alternativa, me encantaría leerla, de hecho. Aviso: las canciones no están dispuestas en orden cronológico ni en orden de preferencia, sino en el orden en que yo las pincharía si fuera el encargado de la música en la horrible discoteca emo en que se escucha a los Smiths (o en una fiesta en mi casa).

 

 

Rubber Ring” (cara-b del single “The Boy with the Thorn in His Side”, editado en Septiembre de 1985, incluido más tarde en la recopilación Louder Than Bombs) 

No se me ocurre una canción más feroz sobre lo que supone ser fan de un grupo pop que esta. Que los Smiths fueran capaces de ver con distancias las razones de la implosión de la cultura indie que ellos fundaron es su victoria definitiva. Puedes llamarlo genio más allá de toda duda razonable. Puedes llamarlo simplemente Moz. Él mismo sería víctima de aquello que esta canción critica. Esto solo prueba que los años le han impedido ser fiel a sus propios estándares. El momento no solo de lucidez musical y crítica sigue intacto y su mensaje es hoy tan elocuente como hace tres décadas. Momento inspirador: You are sleeping, you do not want to believe.


Jeane” (cara-b del single “This Charming Man” editado en octubre de 1983)

En cierto modo, esta canción es el Aleph de los Smiths, el compendio de todas sus posibilidades superpuestas en un par de minutos. Comparecen el drama proletario, las guitarras pop sesenteras, una sección rítmica bien engrasada y un crescendo de desesperación modulado por una voz que dialoga con ironía y distancia sobre su propia miseria. Todo lo que los Smiths fueron, está aquí. Por otro lado, esta canción es una rareza en el catálogo de los Smiths porque no se editó en ninguna compilación a pesar de que los Smiths sean un grupo con un archivo bien explotado y sin gran cantidad de material inédito. Momento inspirador: We tried and we failed.

 

Cemetery Gates” (incluida en The Queen is Dead –disco considerado la obra maestra del grupo– editada en junio de 1986)

Esta canción hace evidente el modo en que Nile Rodgers fue una inspiración para Johnny Marr. Si no estás convencido escucha este tema y después “I Want Your Love”, cambia la Fender de Rodgers por la Rickenbaker de Marr y elimina los arreglos de cuerda. Los trucos más admirables del guitarrista de los Smiths se amplifican siempre cuando son expuestos. La combinación de pistas de guitarra solista y rítmica (ambas líneas hechas por el mismo Marr) fue la marca de fábrica no solo de los Smiths sino de todo el indie que les precedió y que les sucedería. Momento inspirador: With loves, and hates, and passions just like mine.


This Night Has Opened My Eyes” (incluida en Hatful of Hollow, editado en septiembre de 1984)

Amiguitas y amiguitos, no hay manera de sortear el hecho de que esta es una canción deprimente. Si esta canción tiene alguna risa, a mí se escapa, aunque a lo mejor quizá es mi sentido del humor. Sin embargo, también es mucho más que un tema deprimente. Es un drama proletario narrado con desafectación. Es una canción basada en una obra de teatro llamada A Taste of Honey en la que no es difícil observar que el tono melancólico es artificioso y retro. Por otro lado, se trata de una canción de personaje, una tradición muy británica cuyos cultivadores más excelsos fueron Ray Davies (The Kinks) y Colin Blunstone (The Zombies). El drama proletario evita el patetismo aquí gracias a la distancia del narrador. Esta canción es quizá lo más cerca que el post-punk estuvo de crear una canción como “Eleanor Rigby”. Momento inspirador: The dream is gone but the baby is real.


Still Ill” (incluida en The Smiths, editado en febrero de 1984, aunque siempre preferiré la Peel Session grabada en 1983 e incluida en Hatful of Hollow)

Una de las razones por las que amo a los Smiths es porque eran capaces de utilizar un elevado número de ideas dispares en el reducido espacio de una sola canción y combinarlas todas de manera feliz. Esta canción es triste y deprimente, sí, pero también es social y furiosa, es una canción de amor, es una canción divertida. El sonido es tan compacto, a la vez distintivo y natural, que uno ni siquiera se plantea esta disparidad temática. Pero el hecho de que funcione tan bien no es óbice para evitar analizar aquello que pensamos conocer en profundidad y cerrar los ojos ante su complejidad. Momento inspirador: Under the iron bridge we kissed and although I ended up with sour lips, it just wasn’t like the old days anymore. 

 

No creo que sea indiscutible que los Smiths (ni Dylan, ni Nina Simone, ni Édith Piaf, ni nadie) sean deprimentes, solo deprimentes o predominantemente deprimentes. La manera en que construimos una relación con un determinado tipo de música o con un grupo depende de cómo este grupo nos es vendido, del discurso que precede al grupo antes de la primera escucha. Somos nosotros los que añadimos una clave discursiva que hace que escuchemos la música esperando una determinada respuesta emocional. Así, el papel del pequeño crítico de música en cada uno de nosotros es saber desechar las ideas recibidas. Las mejores bandas siempre tendrán algo nuevo y quizá mejor que ofrecernos si tenemos los oídos abiertos. Al fin, cada vez que nos referimos a la depresión de los Smiths igual que a la adorabilidad de Taylor Swift o a la impenetrabilidad de Cabaret Voltaire, perpetuamos estereotipos que nos impiden acceder a la complejidad de su música.

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